Cada vez más jubilados en México deciden transformar sus patios, terrazas e incluso macetas de balcón en productivos huertos domésticos. Esta práctica ecológica, conocida como agroecología urbana, fomenta hábitos saludables y proporciona un propósito diario de cuidado y constancia.
El cuidado de las plantas implica tareas de motricidad fina y coordinación —como sembrar semillas diminutas, podar y desmalezar— que estimulan las destrezas físicas y mentales. Además, el tiempo al aire libre bajo la luz del sol contribuye a la síntesis natural de vitamina D, indispensable para el mantenimiento metabólico del organismo.
“Comenzar con vegetales sencillos como el jitomate o las espinacas es el primer paso. El huerto nos enseña a respetar el ritmo natural de la tierra y nos recompensa con sabores inigualables”, comenta Camila Valdés, ingeniera agrónoma de nuestro club.